En Lourdes, la expectación va en aumento a medida que se acerca un acontecimiento excepcional. Los días 26 y 27 de septiembre de 2026, la ciudad mariana acogerá al papa León XIV, con motivo de su viaje apostólico a Francia.
Tanto en las calles de Lourdes como en el Santuario de Nuestra Señora de Lourdes, ya se pueden ver los preparativos. Instalaciones técnicas, vallas, acondicionamiento de la Pradera, organización de los accesos, preparación de las celebraciones, acogida de enfermos y peregrinos, seguridad, voluntarios, velas, hostias, sistema de megafonía, pantallas gigantes…
Detrás de las pocas horas que el Santo Padre pasará en la ciudad mariana se esconde, en realidad, una organización excepcional preparada desde hace meses.
Porque acoger a un Papa en Lourdes no es solo recibir a una personalidad internacional. Para el Santuario, se trata ante todo de acoger a un peregrino que viene a rezar a la Gruta de Massabielle, a encontrarse con los enfermos y a compartir la fe de decenas de miles de personas.
A pocos días de su llegada, descubramos entre bastidores estos preparativos y cómo se transforma Lourdes para vivir uno de los acontecimientos más importantes de su historia reciente.
Los días 26 y 27 de septiembre de 2026: dos días históricos para Lourdes
León XIV llegará al aeropuerto internacional de Tarbes-Lourdes-Pirineos el sábado 26 de septiembre hacia las 19:05.
Nada más llegar, se dirigirá al Santuario.
Su primera cita en Lourdes será especialmente simbólica: a las 19:40 h, el Papa acudirá a rezar ante la Gruta de las Apariciones de Massabielle.
No habrá ningún gran discurso para empezar.
El primer gesto de León XIV en Lourdes será el de un peregrino.
En concreto, tocará la roca de la Gruta, beberá agua de Lourdes, encenderá una vela, se arrodillará y rezará en silencio.
Gestos que realizan a diario miles de peregrinos.
La jornada del domingo 27 de septiembre será, a continuación, especialmente intensa.
A las 9:00 horas, León XIV se reunirá con los obispos de Francia en el hemiciclo de Santa Bernadette.
A las 11:00 horas, presidirá la gran misa dominical en la Pradera del Santuario, seguida de la oración del Ángelus.
A las 15:30 h, el Papa se reunirá con los hospitalarios y las personas enfermas acogidas en el Accueil Notre-Dame.
A continuación, tiene previsto reunirse en privado con las religiosas contemplativas del Carmelo de Lourdes.
Por último, a las 21:00 horas, se espera que una de las imágenes más impactantes de esta visita tenga lugar en la explanada: León XIV participará en el rezo del Santo Rosario y en la famosa Procesión mariana con antorchas.
Una jornada dedicada casi por completo a la oración, a los peregrinos y a las personas vulnerables.
Se esperan 150 000 peregrinos en el Santuario
La magnitud del evento se mide, ante todo, por el número de participantes.
El Santuario anuncia ya que ha alcanzado su aforo máximo: Se espera que 150 000 personas acudan a rezar con el Papa en Lourdes.
Además, ya se ha cerrado el plazo de inscripción para acceder a las celebraciones.
Esta afluencia excepcional requiere una organización considerable.
Hay que facilitar que decenas de miles de personas lleguen, se desplacen, accedan a las diferentes zonas del Santuario y regresen en buenas condiciones.
A ello hay que sumar a las personas mayores, las familias con niños, los grupos de peregrinos y, sobre todo, las numerosas personas enfermas o con discapacidad que, tradicionalmente, ocupan un lugar central en Lourdes.
Por lo tanto, la organización no puede dejar nada al azar.
Más de 10 kilómetros de vallas
Para canalizar los desplazamientos de esta inmensa multitud, se han previsto más de 10 kilómetros de vallas
Estas instalaciones permiten crear los distintos recorridos, proteger determinadas zonas y organizar las entradas y salidas.
El Santuario, que se extiende a lo largo de varias decenas de hectáreas, debe adaptar temporalmente gran parte de su funcionamiento habitual.
El tráfico en Lourdes también se ve muy alterado.
Las autoridades desaconsejan, en particular, el uso de vehículos en el centro de Lourdes entre el sábado 26 de septiembre a las 10:00 y el lunes 28 de septiembre a las 7:30.
La organización trasciende, por tanto, con creces los límites del Santuario: toda la ciudad debe adaptar su funcionamiento a la visita del Papa.
La Pradera transformada para la gran misa
Una de las obras más importantes se refiere, naturalmente, a la Pradera del Santuario, donde León XIV celebrará la misa del domingo por la mañana.
Este inmenso espacio, situado al otro lado del Gave, está acostumbrado a acoger grandes celebraciones.
Pero una misa pontificia ante una congregación de tal envergadura exige instalaciones especiales.
Se ha instalado un gran estrado para la celebración.
Su superficie ronda los 600 m², mientras que un espacio de unas 400 plazas permitirá acoger a obispos y cardenales.
También se espera la presencia de cerca de 3 000 sacerdotes.
Es necesario organizar los distintos sectores de la asamblea, prever los accesos litúrgicos, facilitar el acompañamiento de las personas vulnerables y garantizar una buena visibilidad de la celebración.
Pantallas gigantes para seguir la celebración
En una multitud de 150 000 personas, es evidente que no todo el mundo puede situarse en las inmediaciones del altar.
Por lo tanto, deben instalarse más de una decena de pantallas gigantes en diferentes sectores.
Estas permitirán a los peregrinos más alejados seguir los gestos de la celebración, las lecturas, la homilía de León XIV y la oración del Ángelus.
El sistema de sonido también supone un reto considerable.
La voz del Papa, las oraciones, los cánticos y las lecturas deben poder escucharse en todos los espacios que acogen a los fieles.
Por ello, los equipos técnicos trabajan codo con codo con los equipos litúrgicos para que la tecnología pase desapercibida y, al mismo tiempo, permita a todos participar de verdad en la celebración.
400 000 hostias preparadas
Detrás de la gran celebración del domingo también se lleva a cabo un trabajo mucho más silencioso.
En Lourdes, las comunidades religiosas participan activamente en los preparativos.
Durante todo el mes de septiembre, caracterizado especialmente por esta afluencia excepcional, se preparan 400 000 hostias.
Esta cifra da una idea muy concreta de la magnitud de la organización litúrgica.
Cada hostia debe fabricarse, prepararse, envasarse y transportarse antes de las celebraciones.
Detrás de las grandes instalaciones técnicas se esconde, por tanto, también una multitud de gestos discretos realizados en silencio.
Quizá sea esta una de las particularidades más bellas de los preparativos de Lourdes: la organización material y la preparación espiritual avanzan juntas.
175 000 velas producidas en tres semanas
Otro símbolo imprescindible de Lourdes: la vela.
Desde Bernadette Soubirous, la luz ocupa un lugar esencial en la espiritualidad del Santuario.
Los peregrinos encienden velas a diario para confiar una intención, pedir una gracia o dar las gracias por una oración escuchada.
Con la llegada de León XIV y la gran Procesión de las Antorchas del domingo por la noche, las necesidades aumentaron considerablemente.
La fábrica de velas de Lourdes tiene prevista la producción de 175 000 velas en tan solo tres semanas, con un aumento de la producción de aproximadamente un 20 % antes de la visita.
Detrás de esta impresionante cifra se esconde una de las imágenes que marcará el fin de semana: la de miles de llamas iluminando la explanada mientras el Papa reza el rosario con los peregrinos.
Una cruz monumental para la celebración
Algunos preparativos también tienen que ver con el arte y la maestría.
Se ha construido, en particular, una cruz monumental de 6,20 metros de altura, que pesa unos 200 kilogramos, para la celebración.
Su tamaño se adapta, evidentemente, a las dimensiones del lugar.
Ante una multitud inmensa, los signos litúrgicos deben ser visibles desde gran distancia.
Pero esta cruz recuerda, sobre todo, el sentido primordial de todos estos preparativos.
Las tarimas, las pantallas, las vallas y los dispositivos técnicos no son más que medios.
En el centro de la celebración sigue estando Cristo.
Cientos de voluntarios en acción
Ninguna organización de esta envergadura sería posible sin los voluntarios.
En Lourdes, el voluntariado ya forma parte de la identidad del Santuario.
A lo largo de todo el año, hombres y mujeres dedican su tiempo a acoger a los peregrinos, acompañar a los enfermos, orientar a los grupos y participar en el funcionamiento de las grandes peregrinaciones.
Con motivo de la visita de León XIV, esta movilización adquiere una dimensión adicional.
Ya se ha anunciado que los equipos de voluntarios previstos para la visita están completos.
Acogida, orientación, acompañamiento, logística, liturgia: las tareas son numerosas.
Junto a ellos trabajan los empleados del Santuario, los trabajadores temporales, las comunidades religiosas, los hospitalarios, los servicios técnicos y los distintos servicios públicos movilizados para el evento.
Un dispositivo de seguridad excepcional
La visita de un sumo pontífice implica necesariamente un dispositivo de seguridad muy importante.
La visita de León XIV a Francia, del 25 al 28 de septiembre, ha sido clasificada oficialmente como «gran evento» en el sentido del Código de Seguridad Interior.
En Lourdes, el perímetro afectado abarca, en particular, el Santuario de Nuestra Señora de Lourdes y varias vías y lugares adyacentes.
Por lo tanto, los accesos, la circulación de personas y los distintos espacios deben organizarse de forma rigurosa.
No obstante, esta seguridad debe tener en cuenta una particularidad esencial de Lourdes: la presencia de un gran número de personas vulnerables.
El reto consiste, por tanto, en conciliar seguridad, fluidez y acogida.
Se esperan cerca de 1 000 periodistas
El evento tendrá repercusión mucho más allá de Lourdes.
Se espera que cerca de 1 000 periodistas cubran la visita.
Las cadenas de televisión, las emisoras de radio, los fotógrafos, las agencias de prensa y los medios digitales deben poder trabajar in situ.
Por lo tanto, es necesario habilitar un centro de prensa y espacios específicos.
Las imágenes de la Gruta, de la gran misa y de la Procesión de las Antorchas se retransmitirán en Francia, pero también en numerosos países.
El Santuario recuerda, además, que, si bien 150 000 personas podrán estar presentes físicamente, otros millones podrán seguir los actos a través de la televisión, la radio y las retransmisiones digitales.
Más de 3,7 millones de euros para la organización en Lourdes
Una movilización de tal envergadura conlleva, naturalmente, un coste importante.
Los recursos necesarios para la organización de la etapa de Lourdes se estiman en más de 3,7 millones de euros.
Instalaciones técnicas, estructuras temporales, servicios de acogida, seguridad, aseos, pantallas, logística: los gastos son numerosos.
En lo que respecta al conjunto del viaje apostólico de León XIV por Francia —París, Lourdes y Metz—, el presupuesto anunciado asciende a unos 27 millones de euros.
Se ha lanzado una campaña de recaudación de donativos para contribuir a la financiación de esta visita.
Preparativos en colaboración con el Vaticano
La organización de un viaje pontificio, evidentemente, no se decide únicamente in situ.
Equipos del Vaticano llevan varios meses trabajando con la Conferencia Episcopal Francesa, la diócesis de Tarbes y Lourdes, el Santuario y las autoridades públicas.
En particular, una delegación de la Santa Sede se desplazó a Lourdes con antelación para realizar un reconocimiento del terreno.
Se estudia cada desplazamiento del Papa.
Se inspeccionan los lugares de celebración.
Se verifican los recorridos.
Las cuestiones de seguridad, protocolo, liturgia y comunicación se coordinan entre los distintos actores.
Detrás de dos días de presencia en Lourdes se esconden, por tanto, meses de reuniones, reconocimientos y preparativos.
Pero Lourdes prepara, sobre todo, una peregrinación
Sin embargo, sería simplista considerar estos preparativos únicamente como una gigantesca operación logística.
Porque León XIV acude a Lourdes, ante todo, como peregrino.
Esta dimensión ha sido especialmente destacada por el obispo de Tarbes y Lourdes, monseñor Jean-Marc Micas.
Cuando el Papa llegue a la Gruta, realizará los gestos sencillos de los peregrinos: tocar la roca, beber el agua, encender una vela, arrodillarse y rezar.
Esta sencillez contrasta casi con la inmensidad de los medios necesarios para organizar su visita.
Se habrán instalado kilómetros de vallas.
Cientos de personas habrán trabajado.
Miles de sacerdotes y decenas de miles de peregrinos habrán hecho el viaje.
Y, sin embargo, en el centro del evento habrá un hombre en silencio ante la Gruta de Massabielle.
Los enfermos, protagonistas de la visita
La etapa de Lourdes dedicará, como es natural, un lugar especial a los enfermos.
El domingo por la tarde, León XIV se reunirá con los miembros de la Orden de los Hospitalarios y con las personas acogidas en el «Accueil Notre-Dame».
Este encuentro tiene una fuerte dimensión simbólica.
Desde las primeras peregrinaciones, las personas enfermas ocupan un lugar central en Lourdes.
No solo están presentes entre los peregrinos: son el núcleo de la misión del Santuario.
Juan Pablo II ya había concedido gran importancia a este encuentro durante sus visitas a Lourdes.
Benedicto XVI también celebró una misa especialmente dedicada a los enfermos durante su peregrinación de 2008.
León XIV se sumará así a esta larga tradición.
La Procesión de las Antorchas como colofón
Tras la gran misa, los encuentros y los momentos de oración, la jornada del domingo concluirá con una de las tradiciones más emblemáticas de Lourdes.
A las 21 horas, León XIV participará en el rezo del Santo Rosario y en la Procesión mariana con antorchas.
Cuando la noche caiga sobre el Santuario, se encenderán miles de velas.
Los peregrinos recitarán el Rosario en diferentes idiomas.
A continuación, resonará el Ave María de Lourdes.
Esta procesión será, sin duda, una de las imágenes más impactantes del viaje.
Un Papa en medio de una inmensa multitud, bajo la mirada de Nuestra Señora de Lourdes, rodeado de miles de pequeñas luces.
Toda una ciudad se prepara
Al fin y al cabo, la visita no se limita únicamente al Santuario.
Toda la ciudad de Lourdes se prepara.
Hoteleros, restauradores, comerciantes, transportistas, servicios municipales, fuerzas de seguridad y habitantes deben hacer frente a una afluencia excepcional.
Se modifican los hábitos de circulación.
Se controlan los accesos.
Los alojamientos acogen a peregrinos que, en ocasiones, llegan desde muy lejos.
Durante unos días, Lourdes volverá a ser, más que nunca, lo que ha sido desde el siglo XIX: un cruce de caminos internacional de peregrinación.
Una espera que también es espiritual
A medida que se van instalando los preparativos y se acerca la fecha, se lleva a cabo otra preparación, menos visible.
La de los corazones.
Porque para los creyentes, recibir al Papa no consiste solo en ver a León XIV o en participar en una gran concentración.
El sucesor de Pedro viene a confirmar a sus hermanos en la fe.
Parroquias, comunidades religiosas, casas de acogida y familias ya incluyen esta visita en sus oraciones.
Algunos peregrinos vendrán a pedir una gracia.
Otros traerán la intención de un ser querido enfermo.
Y otros vendrán a dar las gracias.
Como siempre en Lourdes, detrás de esta inmensa concentración se esconden miles de historias personales.
Comienza la cuenta atrás
A pocos días de la llegada de León XIV a Lourdes los días 26 y 27 de septiembre de 2026, se aceleran los últimos preparativos.
150 000 peregrinos, más de 10 kilómetros de vallas, más de diez pantallas gigantes, cerca de 3 000 sacerdotes, 175 000 velas fabricadas en tres semanas, 400 000 hostias preparadas para septiembre y cerca de 1 000 periodistas previstos: las cifras dan una idea de la magnitud del evento.
Pero no revelan lo esencial.
Porque detrás de esta gigantesca organización se prepara, ante todo, una peregrinación.
El sábado por la noche, cuando León XIV llegue ante la Gruta de Massabielle, el ruido de los preparativos dará paso al silencio.
El Papa se arrodillará allí donde, desde hace más de un siglo y medio, millones de personas han acudido a rezar.
A continuación, la noche siguiente, se encenderán miles de velas para la Procesión de las Antorchas.
Tras meses de trabajo, Lourdes podrá entonces vivir plenamente aquello para lo que toda la ciudad y el Santuario se están preparando:
acoger al sucesor de Pedro como un peregrino más entre los peregrinos, bajo la mirada de Nuestra Señora de Lourdes.