El mes de septiembre marca el inicio del curso escolar y la vuelta progresiva al ritmo habitual tras el periodo estival. En el calendario de la Iglesia católica, también es un mes especialmente rico en fiestas, conmemoraciones de santos y celebraciones dedicadas a la Virgen María.
Desde la Natividad de la Virgen María hasta la fiesta de los Santos Arcángeles Miguel, Gabriel y Rafael, pasando por la Cruz Gloriosa, Nuestra Señora de los Dolores, San Mateo o incluso San Vicente de Paúl, el mes de septiembre nos invita a recorrer aspectos muy diversos de la fe cristiana.
Algunas de estas fechas son celebradas universalmente por la Iglesia, mientras que otras son memorias de santos especialmente populares.
Descubramos las principales fiestas católicas del mes de septiembre, su historia, su significado y algunas ideas para vivirlas en la oración.
3 de septiembre: San Gregorio Magno
El 3 de septiembre, la Iglesia conmemora a San Gregorio Magno, papa y doctor de la Iglesia.
Nacido en Roma en el siglo VI, Gregorio pertenecía a una familia importante. Tras desempeñar cargos civiles, decidió progresivamente dedicar su vida a Dios.
Se convirtió en papa en el año 590, en un periodo especialmente difícil, marcado por las guerras, epidemias y profundas transformaciones políticas.
San Gregorio Magno es famoso por su labor pastoral, sus escritos y su atención hacia los más pobres.
Su nombre también se asocia al canto gregoriano, aunque la historia de este repertorio litúrgico es más compleja y se desarrolló a lo largo de un extenso período.
El 3 de septiembre puede ser una ocasión para rezar especialmente por el Papa, los obispos, los sacerdotes y todos aquellos que ejercen una responsabilidad al servicio de la Iglesia.
5 de septiembre: Santa Teresa de Calcuta, al servicio de los más pobres
El 5 de septiembre, la Iglesia celebra a Santa Teresa de Calcuta, más conocida como la Madre Teresa.
Nacida en 1910, dedicó su vida a los más pobres, a los enfermos, a las personas abandonadas y a quienes mueren en soledad.
En Calcuta, en la India, fundó las Misioneras de la Caridad.
Su obra fue ganando fama poco a poco en todo el mundo.
La Madre Teresa nos recuerda una dimensión esencial del cristianismo: amar a Dios implica también reconocer la dignidad de cada persona, especialmente cuando es vulnerable o rechazada.
Su festividad puede invitarnos a plantearnos una pregunta muy sencilla:
¿A quién puedo hacer el bien hoy?
Una llamada, una visita, un servicio prestado, unas palabras de consuelo o una ayuda concreta pueden, a veces, significar mucho para una persona que se siente sola.
8 de septiembre: la Natividad de la Bienaventurada Virgen María
El 8 de septiembre es una de las grandes fiestas marianas del mes.
La Iglesia celebra la Natividad de la Santísima Virgen María, es decir, el nacimiento de María.
Los Evangelios no narran directamente su nacimiento. La antigua tradición cristiana nos transmite, entre otras cosas, los nombres de sus padres: Santa Ana y San Joaquín.
¿Por qué celebrar el nacimiento de María?
Porque este nacimiento ya anuncia la proximidad de la venida de Cristo.
María es quien aceptará libremente convertirse en la Madre de Jesús.
Durante la Anunciación, responde al ángel Gabriel con total confianza en Dios.
El 8 de septiembre es, por tanto, una fiesta profundamente alegre.
Celebramos el nacimiento de aquella que dará al mundo a Jesucristo.
Este día es especialmente adecuado para encomendar a María nuestras familias y nuestros hijos.
Podemos pedirle que vele por nuestros seres queridos y que nos enseñe, como ella, a confiar en Dios.
12 de septiembre: el Santo Nombre de María
Apenas unos días después de la celebración de su nacimiento, la Iglesia conmemora, el 12 de septiembre, el Santo Nombre de María.
El nombre de María es uno de los más importantes de toda la historia cristiana.
Desde hace siglos, los fieles la invocan en sus oraciones:
«Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros...»
Pronunciar el nombre de María en la oración es volverse hacia aquella que siempre nos conduce hacia su Hijo.
Este día se puede vivir de forma muy sencilla rezando el rosario o repitiendo con confianza una breve invocación:
María, Madre de Jesús, ruega por nosotros.
14 de septiembre: la Cruz Gloriosa
El 14 de septiembre, la Iglesia celebra la fiesta de la Cruz Gloriosa, también llamada Exaltación de la Santa Cruz.
La Cruz es el corazón de la fe cristiana.
Instrumento de tortura en la Antigüedad, se ha convertido para los cristianos en el signo del sacrificio de Cristo, pero también en el de su victoria sobre la muerte.
Ahí radica toda la singularidad del mensaje cristiano.
La Cruz evoca el sufrimiento y la muerte de Jesús, pero no puede separarse de la Resurrección.
El Viernes Santo conduce a la mañana de Pascua.
La fiesta de la Cruz Gloriosa nos invita así a contemplar nuestras propias pruebas con esperanza.
Esto no significa que haya que buscar el sufrimiento ni minimizarlo. Nos recuerda que, incluso en medio de la prueba, el cristiano puede seguir poniendo su esperanza en Dios.
El 14 de septiembre puede ser una ocasión para dedicar unos instantes ante un crucifijo y dar gracias a Cristo por su amor.
15 de septiembre: Nuestra Señora de los Dolores
Al día siguiente de la Cruz Gloriosa, el 15 de septiembre, la Iglesia celebra Nuestra Señora de los Dolores.
Esta proximidad en el calendario es especialmente significativa.
Tras contemplar a Cristo en la Cruz, contemplamos a María junto a su Hijo.
La tradición cristiana medita, en particular, sobre los siete dolores de la Virgen María:
la profecía de Simeón;
la huida a Egipto;
la pérdida de Jesús en el Templo;
el encuentro de María con Jesús cargando su Cruz;
la crucifixión y la muerte de Jesús;
el descenso del cuerpo de Jesús de la cruz;
el entierro.
María conoce, pues, el sufrimiento de una madre.
Por eso, muchos cristianos recurren a Nuestra Señora de los Dolores cuando atraviesan un duelo, una enfermedad, una separación o una gran preocupación familiar.
El 15 de septiembre puede dedicarse especialmente a la oración por todas las personas que sufren.
17 de septiembre: San Roberto Belarmino
El 17 de septiembre, la Iglesia conmemora, entre otros, a San Roberto Belarmino, obispo y doctor de la Iglesia.
Nacido en el siglo XVI, este jesuita es conocido por su inmensa labor intelectual y teológica.
Su vida nos recuerda que la fe cristiana no excluye la reflexión ni el estudio.
Creer, intentar comprender y profundizar en el conocimiento de la fe son cosas que pueden ir de la mano.
Este día puede ser una invitación a abrir la Biblia, a leer unas páginas de una obra espiritual o a profundizar en un aspecto de la fe que aún conocemos poco.
20 de septiembre: los mártires de Corea
El 20 de septiembre, la Iglesia conmemora a San Andrés Kim Taegon, San Pablo Chong Hasang y sus compañeros mártires.
La historia del cristianismo en Corea es especialmente notable.
Las comunidades cristianas se desarrollaron allí en condiciones difíciles y sufrieron importantes persecuciones.
Numerosos fieles dieron su vida antes que renunciar a su fe.
Su recuerdo nos recuerda que la libertad de creer y de practicar la propia religión no siempre es algo que se dé por sentado.
También nos invita a rezar por todos los cristianos que, aún hoy, viven su fe en regiones donde se enfrentan a la discriminación o a la persecución.
21 de septiembre: San Mateo, apóstol y evangelista
El 21 de septiembre, la Iglesia celebra a San Mateo, apóstol y evangelista.
Su historia es especialmente hermosa porque es la historia de una llamada.
Mateo se dedicaba a recaudar impuestos cuando se encontró con Jesús.
En el Evangelio, Jesús le dice simplemente:
«Sígueme». »
Mateo se levanta y le sigue.
Esta escena nos recuerda que la llamada de Dios puede llegar a una persona en medio de su vida cotidiana.
No hace falta ser perfecto antes de volverse hacia Dios.
Mateo cambia de rumbo porque acepta responder a la llamada de Cristo.
Su festividad nos invita a preguntarnos:
¿Qué lugar le dejamos a Jesús en nuestra vida?
23 de septiembre: San Padre Pío
El 23 de septiembre, la Iglesia celebra a una figura especialmente querida por los católicos: San Pío de Pietrelcina, más conocido como Padre Pío.
Nacido en Italia en 1887, este sacerdote capuchino dedicó su vida a la oración, a la celebración de la Eucaristía y al sacramento de la reconciliación.
Numerosos fieles acudían a verle y a confesarse con él.
El Padre Pío también es conocido por haber llevado los estigmas.
Su espiritualidad estaba profundamente centrada en Cristo, la oración y la confianza en Dios.
Aún hoy, millones de personas en todo el mundo le profesan una gran devoción.
Su festividad, el 23 de septiembre, es una hermosa ocasión para confiarle una intención difícil y pedir su intercesión.
27 de septiembre: San Vicente de Paúl
El 27 de septiembre, la Iglesia celebra a San Vicente de Paúl.
Nacido en Francia a finales del siglo XVI, dedicó gran parte de su vida al servicio de los pobres.
Organizó numerosas obras de caridad y fundó, junto con Santa Luisa de Marillac, las Hijas de la Caridad.
Su influencia es inmensa y su nombre sigue asociado hoy en día a la ayuda a los más desfavorecidos.
San Vicente de Paúl nos recuerda que la caridad cristiana no debe quedarse solo en una buena intención.
Debe hacerse realidad.
Dedicar tiempo.
Compartir.
Visitar a una persona sola.
Ayudar a una familia en dificultades.
Escuchar a alguien que sufre.
La fiesta de San Vicente de Paúl es, por tanto, una invitación a transformar nuestra fe en gestos de amor.
29 de septiembre: Santos Miguel, Gabriel y Rafael, los arcángeles
El 29 de septiembre constituye una de las grandes fiestas del mes: la de los Santos Arcángeles Miguel, Gabriel y Rafael.
Cada uno de estos tres arcángeles ocupa un lugar especial en las Sagradas Escrituras.
San Miguel Arcángel
El nombre de Miguel significa tradicionalmente:
«¿Quién es como Dios?»
En el libro del Apocalipsis, San Miguel lucha contra el Dragón y las fuerzas del mal.
Así se ha convertido en una gran figura de la lucha espiritual y de la protección en la tradición cristiana.
Muchos fieles siguen recitando hoy en día la famosa oración a San Miguel Arcángel para pedirle ayuda en la lucha contra el mal.
San Gabriel Arcángel
Gabriel es el gran mensajero de la Anunciación.
Es él quien se presenta ante la Virgen María y le anuncia que dará a luz a Jesús.
Su nombre se interpreta tradicionalmente como:
«Dios es mi fuerza». »
Gabriel se asocia, por tanto, con el anuncio de la Buena Nueva y con el misterio de la Encarnación.
San Rafael Arcángel
Rafael aparece especialmente en el libro de Tobías.
Acompaña al joven Tobías durante su viaje y desempeña un papel de guía y sanador.
Su nombre significa:
«Dios cura».
Por ello, los viajeros y las personas enfermas suelen invocar tradicionalmente a San Rafael.
Una oración a los tres arcángeles
El 29 de septiembre es una bonita ocasión para encomendar nuestra vida a los tres arcángeles.
Podemos pedir a San Miguel que nos apoye en nuestras luchas espirituales, a San Gabriel que nos ayude a acoger la Palabra de Dios y a San Rafael que acompañe a quienes sufren y a quienes viajan.
30 de septiembre: San Jerónimo, amante de las Sagradas Escrituras
El mes termina con otra gran figura de la Iglesia.
El 30 de septiembre, celebramos a San Jerónimo, sacerdote y doctor de la Iglesia.
Es especialmente conocido por su inmenso trabajo dedicado a las Sagradas Escrituras y por su traducción al latín de la Biblia.
San Jerónimo nos recuerda lo esencial que es la lectura de la Biblia para la vida cristiana.
A veces podemos tener una Biblia desde hace años sin abrirla realmente.
Su festividad constituye, por tanto, una excelente ocasión para retomar este hábito.
Basta con unos versículos cada día.
Lo esencial no es leer rápidamente una gran cantidad de páginas, sino dejar que, poco a poco, la Palabra de Dios entre en nuestra vida.
Septiembre, un mes especialmente rico en devoción mariana
Al repasar el calendario de septiembre, observamos el importante lugar que ocupa la Virgen María.
El 8 de septiembre, celebramos su Natividad.
El 12 de septiembre, el Santo Nombre de María.
El 15 de septiembre, Nuestra Señora de los Dolores.
Estas tres fechas nos permiten contemplar diferentes facetas de María.
María niña, cuyo nacimiento ya anuncia la llegada del Salvador.
María, cuyo nombre invocan con confianza los cristianos.
Y María, Madre de los Dolores, fiel junto a Jesús incluso en la prueba de la Cruz.
Septiembre puede convertirse, por tanto, en un mes especialmente propicio para retomar o profundizar en la oración del rosario.
¿Cómo vivir espiritualmente el mes de septiembre?
Evidentemente, no es necesario celebrar cada día de manera especial.
El calendario litúrgico está, ante todo, para acompañarnos en nuestro camino de fe.
Podéis elegir algunas fechas que se ajusten más a vuestra sensibilidad o a las intenciones que deseéis confiar.
El 8 de septiembre, confía tu familia a la Virgen María.
El 14 de septiembre, dedica unos instantes ante la Cruz de Cristo.
El 15 de septiembre, reza por una persona que sufre.
El 23 de septiembre, confía una intención a San Pío X.
El 27 de septiembre, realiza un gesto concreto de caridad.
El 29 de septiembre, pide la protección y el acompañamiento de los santos arcángeles Miguel, Gabriel y Rafael.
Y el 30 de septiembre, abre tu Biblia y dedica unos minutos a leer la Palabra de Dios.
De este modo, las fiestas del calendario no se quedan simplemente en fechas: se convierten en ocasiones para integrar aún más la oración en nuestra vida cotidiana.
Oración para el mes de septiembre
Señor,
en este mes de septiembre,
te confiamos nuestra vida,
nuestras familias y a todos aquellos a quienes amamos.
Por intercesión de la Virgen María,
ayúdanos a avanzar con confianza
por el camino que has preparado para nosotros.
Nuestra Señora, vela por nuestras familias,
protege a nuestros hijos
y consuela a quienes atraviesan momentos difíciles.
San Miguel Arcángel,
defiéndenos en nuestras luchas
y guárdanos en la paz.
San Gabriel Arcángel,
enséñanos a acoger la Palabra de Dios.
San Rafael Arcángel,
acompaña a los enfermos,
a los viajeros y a quienes necesitan consuelo.
Por intercesión de Padre Pío,
de San Vicente de Paúl,
de San Mateo
y de todos los santos que se celebran este mes,
ayudadnos a crecer en la fe,
la caridad y la esperanza.
Que este mes de septiembre
sea para cada uno de nosotros
un nuevo camino hacia vuestro Hijo Jesús.
Amén.
Un mes de septiembre bajo la mirada de Dios
El mes de septiembre nos ofrece así numerosas ocasiones para renovar nuestra vida espiritual.
Desde la Natividad de la Virgen María, el 8 de septiembre, hasta la fiesta de los Santos Arcángeles Miguel, Gabriel y Rafael, el 29 de septiembre, cada celebración nos revela una faceta diferente de la fe cristiana.
María nos enseña a confiar.
La Cruz nos recuerda el amor de Cristo.
Nuestra Señora de los Dolores acompaña a quienes sufren.
San Mateo nos invita a responder a la llamada de Jesús.
El Padre Pío nos recuerda el poder de la oración.
San Vicente de Paúl nos anima a convertir nuestra fe en caridad concreta.
Por último, los tres arcángeles nos recuerdan que Dios acompaña a su pueblo y nunca lo abandona.
En este mes de septiembre, dediquemos tiempo a orar, amar, perdonar y acercarnos a Dios.
Que la Virgen María y todos los santos que se celebran en el mes de septiembre intercedan por nosotros y por nuestras familias.