Desde las apariciones de la Virgen María a Bernadette Soubirous en 1858, Lourdes se ha convertido en uno de los santuarios marianos más importantes del mundo. Cada año, millones de peregrinos acuden allí para presentar sus peticiones, rezar ante la Gruta de Massabielle, participar en las procesiones y confiar a Nuestra Señora sus alegrías, sus sufrimientos y sus esperanzas.
Entre estos peregrinos se encuentran personas anónimas procedentes de todos los rincones del mundo, familias, enfermos, hospitalarios, religiosos y sacerdotes. Pero Lourdes también ha acogido a varios sucesores de San Pedro.
Desde San Juan Pablo II hasta Benedicto XVI, y ahora con la visita anunciada del papa León XIV en septiembre de 2026, las peregrinaciones pontificias a Lourdes dan testimonio del vínculo especial que une el santuario pirenaico con la Iglesia universal.
Repasamos estas visitas históricas y su profundo significado espiritual.
Lourdes, un santuario en el corazón de la Iglesia
Todo comienza el 11 de febrero de 1858.
Ese día, Bernadette Soubirous, una joven de 14 años procedente de una familia muy pobre de Lourdes, se dirigió a las inmediaciones de la Gruta de Massabielle. Allí ve a una «Señora» vestida de blanco, con un cinturón azul y una rosa amarilla en cada pie.
Entre el 11 de febrero y el 16 de julio de 1858 tendrán lugar dieciocho apariciones.
Durante ellas, la Virgen invita a la oración, a la penitencia y a la conversión. El 25 de marzo de 1858, finalmente le revela su nombre a Bernadette:
«Soy la Inmaculada Concepción».
Lourdes se convierte progresivamente en un importante lugar de peregrinación. Se acude allí a rezar a María, pero siempre para volverse hacia su Hijo, Jesucristo.
La Gruta, el manantial, las procesiones, las velas, el rosario y la presencia tan especial de las personas enfermas siguen constituyendo hoy en día los grandes símbolos de Lourdes.
Y es precisamente como peregrinos como también los papas vienen a arrodillarse ante la Gruta.
Juan Pablo II en Lourdes en 1983: la primera peregrinación de un papa a la Gruta
Los días 14 y 15 de agosto de 1983, el papa Juan Pablo II realizó su primera peregrinación apostólica a Lourdes.
Esta visita tuvo lugar con motivo del 125.º aniversario de las apariciones de 1858.
Reviste una importancia histórica especial: Juan Pablo II fue el primer papa en realizar personalmente una peregrinación a Lourdes.
A su llegada a la Gruta de Massabielle, el 14 de agosto, da gracias por este lugar donde, según sus propias palabras, la fe puede renovarse, los cuerpos y las almas encontrar la curación y el sentido de la Iglesia fortalecerse.
Juan Pablo II también evoca un suceso que aún permanece muy presente en la memoria de todos: el atentado del 13 de mayo de 1981 en la plaza de San Pedro, del que salió con vida.
Su visita a Lourdes adquiere así una dimensión muy personal.
El Papa polaco mantiene, en efecto, una relación extremadamente profunda con la Virgen María. Su lema pontificio, «Totus Tuus» —«Todo tuyo»—, expresa esta consagración especial a María.
En Lourdes, Juan Pablo II se convierte, pues, en un peregrino más entre los peregrinos.
Reza ante la Gruta, reza el rosario, participa en la procesión con antorchas y se reúne, en particular, con sacerdotes, religiosas, jóvenes y enfermos.
El 15 de agosto, día de la solemnidad de la Asunción de la Virgen María, celebra la misa en la Gruta de las Apariciones.
Antes de partir de Lourdes, Juan Pablo II confesará haber vivido una de las fiestas de la Asunción más hermosas de su vida.
Lourdes y los enfermos: una dimensión esencial para Juan Pablo II
El encuentro con las personas enfermas ocupa un lugar especialmente importante en este primer viaje.
Evidentemente, no es una casualidad.
Desde sus orígenes, Lourdes está profundamente vinculada a las personas que sufren. Cada año, miles de voluntarios y personal sanitario acompañan a enfermos, personas mayores o con discapacidad hasta la Gruta.
Juan Pablo II insiste entonces en la dignidad de quienes sufren y en su lugar en el corazón de la Iglesia.
Esta cercanía con los enfermos adquirirá una dimensión aún más conmovedora durante su regreso a Lourdes, veintiún años más tarde.
Juan Pablo II regresa a Lourdes en 2004
Los días 14 y 15 de agosto de 2004, Juan Pablo II regresa por segunda vez a Lourdes.
El contexto es diferente.
La Iglesia celebraba entonces el 150.º aniversario de la proclamación del dogma de la Inmaculada Concepción, definido por el papa Pío IX el 8 de diciembre de 1854.
Apenas cuatro años después de esta proclamación, la Señora de Massabielle le había dicho a Bernadette:
«Soy la Inmaculada Concepción».
Por ello, Juan Pablo II tenía un especial interés en realizar esta peregrinación.
Pero esta visita también pasará a la historia por otra razón: el Papa tenía entonces 84 años y estaba muy debilitado por la enfermedad.
Aquel que, en 1983, había acudido a hablar con los enfermos, se presentaba ahora él mismo como un peregrino marcado por el sufrimiento físico.
A su llegada a la Gruta, sus primeras palabras fueron dirigidas, precisamente, a los enfermos.
Les explica que acude a la Virgen como un peregrino y que comparte con ellos una etapa de su vida marcada por el sufrimiento físico.
Esta imagen de Juan Pablo II ante la Gruta sigue siendo uno de los momentos más conmovedores de su pontificado.
«Esta Gruta es el corazón de Lourdes»
El 14 de agosto de 2004, Juan Pablo II se arrodilla de nuevo junto a la Gruta de Massabielle.
Describe entonces la Gruta como «el corazón de Lourdes» y como una verdadera escuela de oración.
Para él, el mensaje de Lourdes no consiste únicamente en pedir gracias a la Virgen.
María siempre conduce hacia Cristo.
El rosario se convierte así en una contemplación de Jesús junto a María.
Durante su estancia, Juan Pablo II reza el rosario, participa en la procesión, asiste a la procesión con antorchas y celebra, al día siguiente, la misa de la Asunción en la pradera del santuario.
Este será su último viaje a Francia.
Menos de ocho meses después, el 2 de abril de 2005, Juan Pablo II fallece en el Vaticano.
Su última peregrinación a Lourdes adquiere, por tanto, en retrospectiva, una dimensión aún más profunda: la de un hombre que, llegado casi al final de su vida terrenal, acudió a confiar una vez más su ministerio y sus sufrimientos a la Virgen María.
Benedicto XVI en Lourdes en 2008: el Jubileo de las Apariciones
Cuatro años más tarde, Lourdes vuelve a acoger a un sumo pontífice.
Del 13 al 15 de septiembre de 2008, el papa Benedicto XVI se desplazó al santuario con motivo del 150.º aniversario de las apariciones de la Virgen María a Bernadette Soubirous.
Su viaje apostólico a Francia había comenzado en París. Pero el propio Benedicto XVI explicaría que el motivo principal de su visita a Francia era la celebración del Jubileo de las Apariciones de Lourdes.
Para Joseph Ratzinger, Lourdes no era, por otra parte, un lugar totalmente desconocido.
Antes de convertirse en Papa, ya había estado allí en 1981, con motivo del Congreso Eucarístico Internacional, poco después del atentado contra Juan Pablo II.
Convertido en Benedicto XVI, regresa pues a Lourdes como sucesor de Pedro.
Tras los pasos de Bernadette
La peregrinación de Benedicto XVI tiene una particularidad: el Papa recorre el Camino del Jubileo, que permite visitar varios lugares fundamentales de la vida de Bernadette.
Pasa, entre otros lugares, por la pila bautismal donde fue bautizada, por el Cachot, donde la familia Soubirous vivió en la más absoluta pobreza, y, por supuesto, por la Gruta de Massabielle.
Benoît XVI participa también en uno de los momentos más emblemáticos de Lourdes: la procesión mariana con antorchas.
La noche del 13 de septiembre de 2008, medita sobre las apariciones y recuerda los grandes llamamientos transmitidos a Bernadette: la oración, la penitencia y la conversión.
Al día siguiente, 14 de septiembre, día de la fiesta de la Cruz Gloriosa, celebra la misa en la pradera del santuario.
Esta coincidencia litúrgica permite al Papa recordar un aspecto fundamental de la espiritualidad de Lourdes: María nunca retiene la mirada en sí misma; siempre conduce a Cristo.
Benedicto XVI y los enfermos de Lourdes
El 15 de septiembre de 2008, festividad de Nuestra Señora de los Dolores, Benedicto XVI celebra una misa especialmente dedicada a los enfermos.
Una vez más, la elección de la fecha tiene un fuerte significado simbólico.
Se contempla a María como la Madre presente al pie de la Cruz, compartiendo el sufrimiento de su Hijo.
En Lourdes, adonde acuden tantas personas con sus enfermedades, sus heridas y sus inquietudes, esta presencia maternal adquiere un significado especial.
Unos días después de su regreso a Roma, Benedicto XVI describió Lourdes como un lugar de luz, de oración, de esperanza y de conversión.
¿Y el papa Francisco?
Entre la visita de Benedicto XVI en 2008 y la anunciada de León XIV en 2026, el papa Francisco no ha realizado ningún viaje apostólico a Lourdes.
Sin embargo, su pontificado ha estado profundamente marcado por la devoción mariana, especialmente hacia la Virgen que desata los nudos, y por sus numerosas peregrinaciones a santuarios marianos.
Lourdes también ha estado muy presente en la oración de la Iglesia durante su pontificado, especialmente en torno a la Jornada Mundial del Enfermo, que se celebra cada año el 11 de febrero, festividad de Nuestra Señora de Lourdes.
Pero, finalmente, Francisco no realizó ninguna visita a la Gruta de Massabielle durante sus años de pontificado.
Por lo tanto, hay que remontarse a Benedicto XVI, en septiembre de 2008, para encontrar la última visita de un papa a Lourdes antes de 2026.
2026: se espera la llegada de León XIV a Lourdes
Dieciocho años después de Benedicto XVI, Lourdes se prepara para vivir un nuevo acontecimiento histórico.
Se espera la llegada del papa León XIV a Lourdes los días 26 y 27 de septiembre de 2026, en el marco de su viaje apostólico a Francia, organizado del 25 al 28 de septiembre.
Esta visita constituye un acontecimiento de gran importancia para el santuario y para los católicos de Francia.
Según el programa anunciado, tras una parada en París, León XIV llegará a Lourdes el sábado 26 de septiembre.
Y su primer gran gesto en el santuario será especialmente simbólico.
Hacia las 19:40 h, el Papa se dirigirá a la Gruta de Massabielle para rezar allí.
Al igual que Juan Pablo II y Benedicto XVI antes que él, el sucesor de Pedro se detendrá ante esta roca donde la Virgen María se apareció a Bernadette.
Una jornada excepcional el domingo 27 de septiembre de 2026
La jornada del domingo 27 de septiembre estará dedicada íntegramente a Lourdes.
A las 9:00 horas, León XIV se reunirá con los obispos de Francia en el hemiciclo de Santa Bernadette.
A las 11:00 horas, celebrará una gran misa en la pradera del santuario, seguida del rezo del Ángelus.
La tarde estará dedicada a los más vulnerables, con un encuentro previsto con los voluntarios y los enfermos acogidos por la Hospitalidad de Nuestra Señora de Lourdes.
Este momento se inscribe directamente en la tradición de las peregrinaciones pontificias anteriores.
Juan Pablo II quiso reunirse con los enfermos en 1983. En 2004, cuando él mismo se encontraba ya muy debilitado físicamente, se presentó ante ellos como un compañero en la prueba. Benedicto XVI les dedicó una misa en 2008.
León XIV continuará así esta relación especial entre los papas, Lourdes y el mundo del sufrimiento.
El papa también se reunirá en privado con las monjas contemplativas del Carmelo de Lourdes.
A continuación, a las 21:00 horas, participará en el rezo del rosario y en la famosa procesión con antorchas.
Una nueva imagen se sumará entonces a las que han marcado la historia del santuario: la de un papa rezando con los peregrinos en la noche de Lourdes, entre velas y el canto del Ave María.
De Juan Pablo II a León XIV: un mismo espíritu de peregrino
1983, 2004, 2008, 2026…
Las épocas cambian, los papas cambian y los retos a los que debe responder la Iglesia evolucionan.
Sin embargo, cuando los sucesores de Pedro llegan a Lourdes, los gestos siguen siendo sorprendentemente similares.
Vienen a rezar a la Gruta.
Rezan el rosario.
Celebran la Eucaristía.
Se reúnen con los enfermos.
Rezan con los peregrinos.
Y, sobre todo, vienen ellos mismos como peregrinos.
Quizá ahí radique el verdadero significado de las visitas pontificias a Lourdes.
Ante la Gruta de Massabielle, el Papa no es solo el jefe visible de la Iglesia católica. Es también un cristiano que reza, que confía sus intenciones a María y que pide a la Madre de Cristo que acompañe a la Iglesia.
¿Por qué ocupa Lourdes un lugar tan especial para los papas?
Lourdes posee una dimensión universal que explica en parte esta relación especial con los soberanos pontífices.
Todas las naciones se dan cita allí.
También todas las generaciones.
Pero, sobre todo, Lourdes otorga un lugar central a aquellos a quienes el mundo a veces corre el riesgo de olvidar: los enfermos, las personas con discapacidad, los mayores, los pobres y todos aquellos que sufren.
En Lourdes, no se les deja al margen.
Están en el corazón de la peregrinación.
Esta realidad se ajusta directamente al Evangelio y explica por qué los encuentros con los enfermos constituyen sistemáticamente uno de los momentos esenciales de las visitas pontificias.
Lourdes es también el santuario de la conversión y la reconciliación.
El mensaje transmitido por María a Bernadette sigue siendo de una sencillez asombrosa: rezar, hacer penitencia, convertirse y volverse hacia Dios.
Más de un siglo y medio después de las apariciones, nada de ese mensaje ha perdido su actualidad.
La Gruta de Massabielle, testigo silencioso de la historia de la Iglesia
La Gruta es, en definitiva, el nexo común de todas estas visitas.
Ante ella rezó Juan Pablo II en 1983.
Ante ella regresó, debilitado por la enfermedad, en 2004.
Hasta ella caminó Benedicto XVI en 2008, siguiendo los pasos de Bernadette.
Y es ante ella donde León XIV debe acudir a rezar el 26 de septiembre de 2026.
El escenario ha cambiado muy poco.
La roca sigue ahí.
El manantial sigue manando.
La estatua de Nuestra Señora sigue en la hornacina donde Bernadette vio a la «bella Señora».
Y los peregrinos siguen pasando en silencio ante la Gruta, tocando la roca y depositando allí sus intenciones.
Los papas también pasan por allí.
Lourdes perdura.
2026: una nueva página en la historia de Lourdes
La visita de León XIV en septiembre de 2026 no será, por tanto, solo un acontecimiento mediático o una visita oficial.
Para los creyentes, forma parte de una historia mucho más profunda.
Conecta el pontificado actual con las peregrinaciones de Juan Pablo II y Benedicto XVI y, más allá de ello, con el mensaje confiado a una joven pobre de Lourdes en 1858.
Cuando León XIV se detenga ante la Gruta de Massabielle, realizará, en definitiva, el mismo gesto que millones de peregrinos antes que él: acudir a confiar a María los sufrimientos y las esperanzas del mundo y pedir su intercesión ante su Hijo.
Y cuando vuelva a elevarse el «Ave María» en medio de las miles de velas de la procesión con antorchas, se estará escribiendo una nueva página de la historia del santuario.
Desde Juan Pablo II en 1983 y 2004, pasando por Benedicto XVI en 2008, hasta León XIV en 2026, Lourdes sigue acogiendo así a los sucesores de Pedro, tal y como acoge a cada peregrino: ante la Gruta, en la oración, la sencillez y la esperanza.
Porque, en definitiva, el mensaje de Lourdes sigue siendo el mismo desde 1858:
recurrir a María para que nos conduzca cada vez más hacia Cristo