San Charbel, intercesor de los enfermos
Desde su muerte en 1898, San Charbel se ha convertido en una figura de curación en todo el mundo. Monje maronita y ermitaño silencioso, nunca pretendió hacer milagros. Sin embargo, miles de testimonios hablan de curaciones físicas, espirituales y psicológicas atribuidas a su intercesión.
Muchas personas afirman haberse liberado de enfermedades incurables, dolores crónicos y angustias profundas tras rezar con fe a san Charbel. Estas gracias no son meras anécdotas: están documentadas, verificadas y, a veces, incluso reconocidas oficialmente por la Iglesia.
San Charbel.
San Charbel no cura por sí mismo. Es un canal, un relevo. Simplemente se interpone entre Dios y el que sufre. Reza por nosotros y, en el silencio de su corazón unido a Cristo, presenta nuestras lágrimas y nuestro dolor a Aquel que todo lo puede.
La fe sencilla de una oración sincera
La fuerza de la oración a san Charbel no proviene de la belleza de las palabras, ni de la extensión del texto. Proviene de la fe. Cuando alguien sufre, a menudo tiene pocas fuerzas para rezar. San Charbel lo comprende. Acoge los suspiros, los silencios, los gritos interiores.
Rezar a san Charbel para que nos cure es reconocer nuestra debilidad y creer que Dios sigue actuando hoy. No es magia, ni una receta garantizada. Es un acto de esperanza. Es decir: "Señor, no lo entiendo todo, pero confío en ti"
Puedes rezar solo, con tu familia, en una iglesia o incluso en la cama de un hospital. No importa dónde. Lo que cuenta es la entrega.
Oración a San Charbel por la curación
San Charbel,
tú que viviste en silencio, oración y ayuno,
tú que fuiste un testimonio vivo del amor de Cristo,
Vengo hoy a ti para confiarte mi dolor.
Tú conoces los cuerpos debilitados, los corazones rotos,
las noches sin dormir y los días sin fuerzas.
Pon tu mano sobre mi herida, y preséntala a Dios.
Intercede por mí,
pídele al Señor que me visite en mi enfermedad.
Si es su voluntad, que me devuelva la salud corporal.
Pero, sobre todo, obtén para mí la paz interior,
la confianza en la prueba,
y la unión con el Corazón de Cristo que todo lo soportó.
San Charbel, hermano en la prueba,
no me abandones en mi sufrimiento.
Permanece junto a mí,
y mantenme en la esperanza.
Amén.