La obediencia vivida con alegría
San Charbel abrazó la obediencia como verdadero camino hacia Dios. Desde el momento en que entró en el monasterio, eligió renunciar a su propia voluntad para seguir la de sus superiores, que veía como una expresión directa de la voluntad divina. Esta obediencia nunca fue coaccionada ni pasiva, sino libremente elegida, vivida en paz y humildad.
Cuando se le pedía que hiciera una tarea, por ardua o repetitiva que fuera, la llevaba a cabo sin murmurar, con aplicación. Su corazón no estaba orientado hacia la gratitud, sino hacia el amor de Cristo. De este modo, demostró que la obediencia cristiana, cuando se vive con confianza, se convierte en un acto de amor capaz de transformar la vida cotidiana.
El silencio, puerta del misterio
Una de las virtudes más llamativas de san Charbel es el silencio. No se trata de un silencio vacío, sino de un silencio habitado, alimentado por la Palabra de Dios. A través de este silencio, Charbel buscaba escuchar más profundamente:
En su ermita de Annaya, vivía alejado del mundanal ruido, pero su silencio no era una huida. Era una respuesta. Eligió callar para orar mejor, para ponerse a disposición del Espíritu Santo, para unirse al silencio de Cristo en su Pasión. Su silencio dio fruto: aliviaba, inspiraba, curaba.
Hoy, este silencio sigue conmoviendo a los peregrinos: ante su tumba o simplemente mirando su imagen, muchos experimentan una paz interior, como si san Charbel les susurrara que el silencio no está vacío, sino lleno de Dios.
Una santidad enraizada en lo ordinario
La santidad de Charbel no tiene nada de extraordinario a primera vista. No predicó, ni dirigió grandes obras, ni escribió tratados. Rezaba, trabajaba, ayunaba, obedecía. Y, sin embargo, fue en esta fidelidad a las pequeñas cosas donde Dios lo resucitó.
Su vida oculta es un recordatorio de que la santidad no consiste en hacer mucho, sino en amar mucho en lo que hacemos. A través de cada gesto, de cada misa, de cada silencio, ofrecía toda su persona a Dios. Su unión con Cristo era tan fuerte que, incluso después de su muerte, su cuerpo manifestaba signos misteriosos, y miles de milagros fueron atribuidos a su intercesión.
La santidad de Charbel nos enseña que todos, incluso en una vida sencilla, podemos convertirnos en luz para el mundo.
Oración para recibir las virtudes de san Charbel
San Charbel,
tú que elegiste la obediencia con mansedumbre,
el silencio con amor,
y la santidad en la vida cotidiana,
ven a iluminar nuestro camino.
Ayúdanos a escuchar la voz de Dios en nuestras vidas,
a decir "sí" donde Él nos llama,
a callar cuando necesitamos orar,
y a amar incluso en las pequeñas cosas.
Que tu ejemplo nos enseñe a vivir sólo para Dios,
con humildad, perseverancia y fe.
San Charbel, monje del Líbano,
sé nuestro guía en el camino de la virtud.
Amén.