La institución de la Eucaristía
El Jueves Santo da inicio al Triduo Pascual. Esa noche, Jesús comparte su última cena con sus discípulos. Esta cena, llamada la Última Cena, se convierte en un momento fundacional para los cristianos.
Durante la cena, Jesús toma el pan y dice: «Este es mi cuerpo». Luego toma la copa: «Esta es mi sangre».
No solo deja un recuerdo. Se entrega a sí mismo.
El lavatorio de los pies
Esa noche, otro gesto conmueve a los discípulos. Jesús se levanta de la mesa, toma una toalla y lava los pies de sus apóstoles. Lavar los pies era una tarea reservada a los sirvientes. Al rebajarse de este modo, Jesús muestra que la verdadera autoridad pasa por el servicio. Enseña que el amor cristiano no es un discurso, sino un acto concreto. El Jueves Santo es una escuela de humildad.
Un amor hasta el final
Después de la cena, Jesús se dirige al huerto de Getsemaní. Reza angustiado, consciente de la Pasión que le espera.
El Jueves Santo nos revela un amor lúcido. Jesús sabe lo que va a pasar y, sin embargo, avanza libremente.
Elige entregarse.
Entrar en el misterio
La celebración del Jueves Santo termina en silencio. El tabernáculo se vacía. Las campanas callan. La Iglesia entra en un tiempo de profundo recogimiento. Este día nos invita a contemplar el misterio del don. ¿Estoy dispuesto a amar sin condiciones? ¿Estoy dispuesto a servir sin esperar nada a cambio? El Jueves Santo nos enseña que la grandeza se encuentra en la humildad.
Oración para el Jueves Santo
Señor Jesús,
en este Jueves Santo,
enséñame a amar como tú amas.
Dame un corazón humilde
y dispuesto a servir.
Que reconozca tu presencia
en la Eucaristía y en los demás.
Amén.