Nuestra Señora de la Protección es la Madre vigilante y dulce que vela por sus hijos con ternura. Ella envuelve con su manto a quienes la invocan con fe, preservándolos del mal y manteniéndolos en la paz de Dios. Rezarle es entregarse a su benevolencia, con la certeza de que ningún peligro es más fuerte que su amor maternal.
La Virgen de la Protección es la Madre que vela por sus hijos con ternura.
O Santísima Virgen María, Nuestra Señora de la Protección, refugio de las almas que te buscan con confianza, vengo a ponerme bajo tu manto maternal. Cúbreme con tu luz y guárdame de todo mal. Tú que eres la Madre de la Divina Providencia, vela por mi vida, por mi familia y por todos los que amo.
OH Madre benévola, te ofrezco mis miedos, mis dudas y mis heridas. Protégeme de los peligros visibles e invisibles, aleja de mí las tentaciones y las malas influencias. Que tu mirada bondadosa ilumine mis elecciones y tu mano me guíe en los momentos de incertidumbre.
Nuestra Señora de la Protección, tú eres la guardiana de las almas en pena, el consuelo de los afligidos y la defensa de los débiles. Sé mi fuerza en las pruebas y mi refugio en las tempestades. Cuando me sienta solo o amenazado, recuérdame que siempre estás ahí, dulce y fiel, a mi lado.
O Virgen purísima, protege mi hogar, mis planes, mis alegrías y mis penas. Guárdame de accidentes, enfermedades y toda forma de mal. Extiende tu manto sobre los que viajan, sobre los niños que crecen, sobre las familias divididas y sobre las almas que se buscan a sí mismas.
O Madre amorosa, Nuestra Señora de la Protección, confío en tu intercesión. Presenta mis oraciones a tu Hijo Jesús y alcánzame la gracia que hoy te confío (formula aquí tu intención). Dame la paz del corazón, la fe en la prueba y la luz de la esperanza.
O María, escudo de los creyentes, abrígame bajo tu manto de ternura. Haz que permanezca fiel a tu amor y que, por tu protección, pueda un día ser conducido a la gloria del Cielo, junto a tu Hijo amado.
Amén.