Nuestra Señora de las Gracias es la Madre que derrama bendiciones divinas sobre sus hijos. Por su intercesión, las almas atribuladas encuentran la paz, los enfermos el consuelo y los corazones abatidos la luz de la esperanza. Rezarle a Ella es abrir el corazón a la ternura de María, refugio de los afligidos y canal de la gracia divina.
La Virgen de las Gracias es la Madre que derrama las bendiciones divinas sobre sus hijos.
O Santísima Virgen María, Nuestra Señora de las Gracias, Madre llena de bondad y de misericordia, acudo a ti con corazón confiado. Tú eres la Madre del Salvador y la Madre de todos los hombres, la que vela sin cesar por sus hijos. Extiende sobre mí tus manos benditas, llenas de gracias, y derrama sobre mi vida las bendiciones de tu amor maternal.
O Nuestra Señora de las Gracias, que has prometido tu ayuda a los que te invocan con fe, mira mis penas, mis debilidades y mis esperanzas. Dame paz en el corazón, fortaleza en las pruebas, luz en mis decisiones y confianza en la voluntad de Dios.
Madre purísima, refugio de los pecadores, me pongo bajo tu manto de luz. Consígueme el perdón de mis pecados y guíame por el camino de la santidad. Líbrame de todo temor, de toda angustia y de todo mal, para que pueda habitar en la paz y la alegría de tu amado Hijo.
Oh Virgen benéfica, derrama tus abundantes gracias sobre el mundo entero. Consuela los corazones heridos, cura a los enfermos, fortalece a los que dudan y protege a las familias en el amor y la fidelidad. Que tu benévola presencia acompañe a los más pobres, a los olvidados y a los perdidos.
Nuestra Señora de las Gracias, te confío mis más profundas intenciones (formula aquí tu intención). Preséntalas a tu divino Hijo, para que me conceda la paz, la curación y la luz según su voluntad.
O amantísima Madre, haz que mi corazón sea agradecido y manso, fiel a la oración y lleno de caridad. Que mi vida sea testimonio de tu amor y bondad. Concédeme vivir siempre bajo tu mirada y descansar un día en la luz eterna de tu Hijo Jesucristo.
Amén.