Un santo del silencio, que se convirtió en signo vivo del poder de Dios
San Charbel Makhlouf, monje maronita libanés, pasó su vida en la sombra, lejos de los focos. No predicaba, ni escribía, ni fundaba obras visibles. Rezaba. Guardaba silencio. Se abandonó a Dios. Y sin embargo, desde su muerte en 1898, se le atribuyen miles de milagros. Curas inexplicables, conversiones profundas, intervenciones en situaciones humanas desesperadas.
¿Por qué él? ¿Por qué este ermitaño aislado en un rincón del Líbano sigue tocando tantas vidas en todo el mundo?
Porque su vida estaba totalmente entregada a Dios
La primera respuesta está en su forma de vida. San Charbel no hizo otra cosa que buscar a Dios, día y noche, en la oración y el olvido de sí mismo. Lo ofreció todo: su voluntad, su comodidad, su fama. Esta ofrenda radical vació en él un inmenso espacio para la acción del Espíritu Santo.
Cuando una vida se entrega tan completamente a las manos de Dios, se convierte en un poderoso canal de su gracia. Los santos no son magos. Son recipientes vacíos en los que Dios puede verter su amor. Charbel era este vaso silencioso, puro y transparente.
Porque intercede con fe y compasión
Desde su muerte, san Charbel se ha convertido en un intercesor extraordinario. Los fieles que lo invocan lo hacen a menudo con gran fe. Ponen en sus manos situaciones humanas muy concretas: enfermedades graves, heridas familiares, adicciones, bloqueos profesionales o espirituales.
Y Charbel presenta estas oraciones a Dios. No se cura solo. Pero suplica. Y Dios, en su bondad, responde a menudo a estas oraciones confiadas a través de este monje discreto.
Porque a Dios le gusta revelarse en la sencillez
Los milagros atribuidos a san Charbel nos recuerdan que a Dios le gusta actuar con humildad. No es a través de grandes demostraciones como Dios toca los corazones, sino a través de los instrumentos más pobres, más sencillos, más abandonados.
Charbel, en su silencio, se convierte en espejo de la ternura divina. No habla, pero está ahí. No promete nada, pero escucha. Y esto es suficiente para que los milagros florezcan a su alrededor.
Un misterio que sigue atrayendo
Lo sorprendente de la devoción a san Charbel es su dimensión universal. Se le reza en todos los idiomas y por personas de todas las clases sociales. Su imagen -la de un monje de rostro apacible y barbudo- parece atravesar las culturas y tocar profundamente a todo el mundo.
Esta influencia mundial, sin estrategia ni discurso, es en sí misma un signo. Dios sigue actuando hoy, a través de quienes se entregan a Él por entero.
Oración para acoger un milagro por intercesión de San Charbel
San Charbel,
tú que has vivido en el olvido de ti mismo,
en el silencio y la oración,
ven hoy en mi ayuda.
Tú conoces mi corazón, mis heridas, mi esperanza.
Te confío esta intención mía:
(aquí, diciendo en silencio lo que me pides)
Preséntasela a Dios con fe.
Pídele la gracia de un milagro,
si es su voluntad,
o la fuerza para acoger su silencio con confianza.
San Charbel,
guárdame en la paz, la luz, la fe,
y entrégate al amor de Dios, pase lo que pase.
Amén.