Santa Rosa de Lima, la primera santa del continente americano, vivió una vida de humildad y pureza ejemplares. Ofreció su vida en oración, penitencia y amor a Cristo, encontrando en la sencillez de su corazón la alegría del Cielo. Rezarle a ella es pedir a Dios la gracia de la mansedumbre, de la perseverancia y de un amor ardiente que supera las pruebas.
Diosa de la Paz.
O santa Rosa de Lima, flor del Nuevo Mundo y esposa espiritual de Cristo, tú que amaste a Dios sobre todas las cosas, acudo a ti con el corazón lleno de confianza. En el silencio de tu vida oculta, llevaste los dolores del mundo y ofreciste tus sufrimientos por la salvación de las almas. Enséñame a hacer de mi vida una ofrenda de amor y de paz.
Santa Rosa, tú que encontraste en la oración la mayor de las riquezas, ayúdame a mantener mi alma en paz en los momentos de prueba. Cuando el dolor o la injusticia me abrumen, hazme recordar que Cristo es mi fuerza y que su amor nunca falla.
O humilde sierva del Señor, modelo de pureza y caridad, intercede por mí ante Dios. Consígueme la gracia de amar sin cálculo, de servir sin esperar nada y de orar sin cansarme. Que mi fe sea tan ardiente como la tuya y que mi corazón permanezca unido a Jesús en la mansedumbre y la verdad.
Santa Rosa de Lima, protectora de los pobres y de los enfermos, mira a los que sufren y a los que han perdido la esperanza. Extiende sobre ellos tu manto de compasión y obtén para ellos la curación del cuerpo y del alma.
Oh santa del silencio y de la luz, te confío mis penas, mis deseos y esta intención particular (formula aquí tu intención). Preséntala al Señor con tu humildad y tu amor infinito.
Santa Rosa, flor de santidad, haz de mí un instrumento de paz y de bien. Que, siguiendo tu ejemplo, difunda a mi alrededor la alegría de Cristo y persevere en la fe hasta mi último aliento.
O bendita Rosa, ruega por mí y por el mundo entero, para que el amor de Cristo triunfe en nuestros corazones y su paz reine para siempre.
Amén.