Nuestra Señora de los Dolores es la que, al pie de la Cruz, compartió íntimamente el sufrimiento de su Hijo por la salvación del mundo. Ella conoció las lágrimas, la pérdida, la soledad y el dolor, pero su corazón permaneció unido a Dios con total confianza. ¡Rezarle a Ella es poner en sus manos maternales nuestros dolores, heridas y pruebas, para que Ella los transforme en esperanza y paz.
Por la paz de Dios! O Santísima Virgen María, Nuestra Señora de los Siete Dolores, tú cuyo corazón fue atravesado por la espada del sufrimiento, vengo hoy a refugiarme bajo tu manto. Tú has conocido el dolor de una madre al ver a su Hijo rechazado, traicionado, flagelado y crucificado, y sin embargo tu amor nunca ha flaqueado. Recibe mis lágrimas, mis preocupaciones y mis cargas, y haz de ellas una ofrenda de amor unida a la Pasión de Cristo. O Madre de los Dolores, tú que llevaste en tu corazón los sufrimientos de Jesús, enséñame a aceptar mis cruces con paciencia y fe. Cuando la vida parece pesada, cuando la desesperación amenaza, recuérdame que estás ahí, presente, silenciosa pero poderosa. Dame la fuerza para seguir a tu Hijo en el camino del Calvario, con confianza y paz interior. Recuerda, oh María, todos los dolores que has soportado: la profecía de Simeón, la huida a Egipto, la pérdida de Jesús en el Templo, el encuentro en el camino del Calvario, tu presencia al pie de la Cruz, el descenso de tu Hijo a tus brazos y su sepultura. Que cada uno de estos dolores se convierta para mí en fuente de consuelo y de gracia. OH Madre compasiva, consuela a los que lloran, cura los corazones heridos, apoya a las familias probadas y fortalece las almas abatidas. Enséñanos a creer, incluso cuando todo parece perdido, a esperar cuando la noche es larga, y a amar a pesar del sufrimiento. Nuestra Señora de los Siete Dolores, refugio de las almas fieles, acoge mi oración e intercede por mí ante tu Hijo Jesús. Obtén para mí la gracia que hoy te pido (formula aquí tu intención) si ésta es la voluntad del Señor. Y sobre todo, alcánzame la paz del corazón y la luz del Cielo. OH Virgen María, que permaneciste junto a la Cruz, hazme crecer en la fe y en el amor. Por tu intercesión, que mis penas se hagan fecundas y que mi alma, purificada por la prueba, quede unida a tu Corazón Inmaculado para siempre. Amén.