San Pío de Pietrelcina, humilde capuchino marcado con los estigmas de Cristo, dedicó su vida a la oración, el sacrificio y la compasión por las almas que sufren. A través de su fe inquebrantable, sus milagros y su amor a los demás, sigue inspirando a millones de creyentes a vivir en la confianza y el abandono total en Dios. Rezarle es acercarse al corazón mismo de la misericordia divina.
O Santo Padre Pío, que viviste en tan profunda unión con el Corazón de Cristo, acudo a ti con confianza para confiarte mi alma, mis sufrimientos y mis intenciones. Tú que conociste el dolor del cuerpo y del espíritu, y que llevaste los estigmas del Salvador, intercede por mí ante el Señor para que encuentre la fuerza de amar, incluso en la prueba.
San Padre Pío, apóstol del perdón y de la paz, ayúdame a acoger cada día como un don de Dios. Enséñame a rezar con un corazón sincero, a aceptar las cruces de mi vida sin quejarme y a ofrecer mis penas por la salvación de las almas. Que tu ejemplo me inspire a vivir en la fe, la caridad y la confianza absoluta en la misericordia divina.
O tú que dijiste: "Reza, espera y no te preocupes", haz descender sobre mí esa paz interior que nada puede perturbar. En mis luchas, sé mi apoyo; en mis dudas, sé mi luz; en mis heridas, sé testigo de la ternura de Cristo.
San Padre Pío, humilde siervo de Dios, tú que dedicaste tu vida a la oración y a la escucha de los corazones, escucha mi súplica. Presenta mis peticiones al Señor y alcánzame la gracia que hoy te confío (formula aquí tu intención). Si es la voluntad de Dios, que esta oración sea escuchada para su gloria y el bien de mi alma.
O Padre Pío, compañero de los que sufren, amigo de las almas en pena, haz crecer en mí la fe y la paciencia. Enséñame a reconocer la presencia de Dios en el silencio, en el dolor, en la alegría y en el misterio. Que tu intercesión me ayude a avanzar cada día por el camino de la santidad.
San Padre Pío, guíame hacia el Corazón de Jesús, fuente de toda misericordia. Que, con tu ayuda y oración, permanezca fiel al amor de Dios, hasta el día en que le vea cara a cara en la luz eterna del Cielo.
Amén.