La Biblia es el libro sagrado de los cristianos. Está compuesta por el Antiguo Testamento, que narra la historia del pueblo de Israel y prepara el camino para la venida del Mesías, y el Nuevo Testamento, que se centra en la vida, muerte y resurrección de Jesucristo y el nacimiento de la Iglesia. Aunque tanto católicos como protestantes reconocen que la Biblia es la Palabra de Dios, existen diferencias significativas entre sus respectivas versiones. Estas diferencias se refieren principalmente al número de libros, a su organización y, a veces, a la forma de interpretarlos.
La Biblia es la Palabra de Dios.
La cuestión del canon bíblico
La distinción esencial se basa en lo que se conoce como canon, es decir, la lista de libros considerados inspirados y autorizados en la fe.
La Biblia católica contiene 73 libros: 46 en el Antiguo Testamento y 27 en el Nuevo Testamento.
La Biblia protestante, en cambio, contiene 66 libros: 39 en el Antiguo Testamento y 27 en el Nuevo.
Por tanto, la diferencia no afecta al Nuevo Testamento, que es idéntico entre todos los cristianos, sino al Antiguo Testamento.
Los "deuterocanónicos" y los "apócrifos"
La divergencia se remonta al siglo XVI, durante la Reforma protestante. Los católicos incluyen en su Biblia los llamados libros deuterocanónicos: el Libro de Tobías, Judit, Sabiduría, Sirac (o Eclesiástico), Baruc, el I y II Libro de los Macabeos, así como pasajes adicionales de Ester y Daniel.
Estos escritos proceden de la Septuaginta, la traducción griega de la Biblia utilizada por los judíos de la Diáspora en tiempos de Jesús. La Iglesia católica los recibió como inspirados y los confirmó en el Concilio de Trento (1546).
En cambio, los protestantes, siguiendo el ejemplo de Martín Lutero, han optado por ajustarse al canon hebreo establecido por el judaísmo, que no incluye estos libros. A menudo los llaman "apócrifos" y los consideran interesantes desde el punto de vista histórico y espiritual, pero no normativos para la fe.
Organización y traducción
Más allá del número de libros, a veces hay diferencias en el orden de los mismos. Por ejemplo, en las Biblias protestantes, el Antiguo Testamento suele estar ordenado según el canon hebreo (Ley, Profetas, Escritos), mientras que la Biblia católica conserva la organización de la Septuaginta.
La traducción también puede variar. Algunas versiones protestantes favorecen un lenguaje más cercano al texto original hebreo y griego, mientras que la tradición católica utilizó durante mucho tiempo la Vulgata latina traducida por San Jerónimo, antes de abrir el camino a las traducciones modernas a partir de los textos originales.
Diferencias en la interpretación
Por último, existe una diferencia en el enfoque de la interpretación.
Con los católicos, la Escritura se lee a la luz de la Tradición y de la enseñanza de la Iglesia, considerada garante de la interpretación auténtica de la Palabra de Dios.
En el caso de los protestantes, se insiste en el principio de Sola Scriptura: sólo la Escritura es la fuente última de la fe, y se anima a cada creyente a leerla e interpretarla personalmente, guiado por el Espíritu Santo.
Consecuencias espirituales
Estas diferencias de canon y enfoque influyen en la vida espiritual. Los libros deuterocanónicos, por ejemplo, enriquecen la espiritualidad católica con pasajes importantes: la oración de los Macabeos por los muertos, las enseñanzas sapienciales del Eclesiástico, o el papel providencial de Dios en la historia que relatan Tobit y Judit. Los protestantes, en cambio, insisten más en la fidelidad estricta a las Escrituras reconocidas por el pueblo judío y hacen hincapié en una lectura directa y personal del texto bíblico.
Conclusión
La Biblia católica y la Biblia protestante tienen el mismo corazón: la Buena Nueva de Jesucristo, transmitida en los 27 libros del Nuevo Testamento. Pero difieren en cuanto al Antiguo Testamento: 73 libros para la Biblia católica frente a 66 para la protestante, debido al lugar dado o no a los libros deuterocanónicos. Estas diferencias reflejan opciones históricas y teológicas de larga data, pero no impiden que las dos tradiciones se unan en lo esencial: la fe en Jesucristo, Palabra viva de Dios, que une a todos los cristianos.
La fe en Jesucristo, Palabra viva de Dios, que une a todos los cristianos.
La fe en Jesucristo, Palabra viva de Dios, que une a todos los cristianos.