Oh Santiago, amado apóstol del Señor,
tú que lo dejaste todo para seguir a Cristo por los caminos de Galilea,
tú que escuchaste sus palabras de eternidad,
y que ofreciste tu vida como testigo de su amor,
venimos a ti, peregrinos de la tierra y buscadores de la luz.
Tú, viajero incansable del Evangelio,
que llevaste la Buena Nueva hasta los confines de la tierra,
enséñanos a caminar con fidelidad y confianza.
Cuando el camino se hace áspero y se agotan nuestras fuerzas,
apoya nuestros pasos vacilantes y reaviva en nosotros la llama de la esperanza.
Santiago, amigo de Cristo y testigo de su gloria,
tú que viste brillar su rostro en el Tabor
y compartiste su agonía en Getsemaní,
ayúdanos a reconocer su presencia tanto en nuestras alegrías como en nuestras pruebas.
Ayúdanos a mantener la mirada fija en Él,
para que nunca nos alejemos de su amor.
Protector de los peregrinos, compañero de camino,
tú, cuya tumba ha atraído a tantos hombres y mujeres durante siglos,
acompaña a todos los que buscan sentido a su vida.
Sé para cada uno una estrella que ilumine la noche,
un hermano que anime, un guía que conduzca a Dios.
O Santiago, intercede por nosotros ante el Padre,
para que recibamos la valentía de dar testimonio del Evangelio,
la humildad de servir a nuestros hermanos,
y la gracia de amar sin medida.
Que toda nuestra vida sea una peregrinación hacia el Reino,
donde, contigo y con todos los santos,
cantaremos eternamente la gloria de Cristo resucitado.
Amén.