Señor Jesús,
Hijo del Dios vivo, Salvador del mundo,
Rey de misericordia y Príncipe de paz,
vengo hoy a arrodillarme ante ti,
lleno de fe, esperanza y amor.
Tú eres la luz que disipa las tinieblas,
la verdad que ilumina los corazones,
la vida que triunfa sobre la muerte.
Tú eres el buen pastor que nunca pierde una oveja,
el médico de las almas,
el hermano fiel que nunca se rinde.
Oh Jesús, te abro todo mi ser:
mis pensamientos, mis deseos, mis heridas, mis miedos, mis luchas.
Protégeme del mal que me acecha,
de las flechas del enemigo,
de las trampas del pecado, la ira, el orgullo y el desaliento.
Enciérrame con tu luz,
escóndeme en las sagradas heridas de tu corazón traspasado,
e inúndame con tu Espíritu Santo.
Señor Jesús,
En tus manos pongo mi día, mi familia, mis relaciones, mi futuro.
Ven a limpiar todo lo que me aleja de ti.
Ven a sanar lo que está herido en mí.
Ven a romper las cadenas que me retienen en el miedo, la duda o el hábito del mal.
Sé el escudo de mi alma,
el muro alrededor de mi casa,
el centinela de mis pensamientos.
Líbrame de toda influencia maligna,
de toda envidia, de toda murmuración, de toda opresión espiritual.
Que tu Nombre, Jesús, sea un baluarte invencible contra los ataques del enemigo.
Por tu preciosa Sangre derramada en la Cruz,
vísteme con tu santidad,
y protege mi cuerpo, mi mente y mi corazón.
Que nada penetre en mí sin pasar por tu amorosa voluntad.
Señor Jesús,
Te confío los días de angustia y las noches de insomnio,
las luchas interiores, las incertidumbres, las penas.
Sólo Tú puedes calmar la tempestad.
Habla a mi corazón como hablaste a los vientos: "Paz, enmudece. "
Hazme fuerte en la prueba,
alegre en la confianza,
paciente en la expectación,
y fiel en la oración.
Enséñame a velar y a orar,
a caminar en la luz y no en las tinieblas.
Protege también a los que amo,
a los que me has confiado,
a los que llevo en el silencio de mi corazón.
Extiende tu mano sobre ellos como extendiste tu mano sobre los enfermos,
como levantaste a la hija de Jairo,
como salvaste a Pedro de morir ahogado.
Señor Jesús,
Te amo y quiero pertenecerte, ahora y por toda la eternidad.
Ven y reina en mí,
sé mi Salvador, mi Maestro, mi Amigo,
mi Libertador y mi paz.
Y cuando llegue la hora del gran paso,
ven y tráeme tú mismo.
Que mis ojos te contemplen,
que mis brazos se abran a ti,
y que mi alma descanse para siempre en tu misericordia.
Amén
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