San Miguel Arcángel,
valeroso defensor del Cielo, príncipe de las milicias celestiales,
me dirijo a ti con confianza.
Tú que luchaste contra el Dragón Antiguo y lo arrojaste de los cielos,
ven en mi ayuda en las batallas de esta vida.
Protégeme de las asechanzas del diablo,
de las tinieblas que asaltan mi corazón,
y de los peligros que amenazan mi alma y mi cuerpo.
Sé mi escudo contra todo ataque,
mi luz en la noche,
mi fortaleza en la tentación.
Tú a quien Dios ha nombrado guardián de su pueblo,
Vigila mi hogar, mi familia, mis planes y a todos los que amo.
Por tu poder angélico y tu fidelidad a Dios,
evita que el mal se acerque a mí,
y guíame por el camino de la verdad y la paz.
San Miguel, extiende tu brillante espada
entre mí y los que quieren hacerme daño.
Y en los días difíciles, recuérdame que nunca estoy solo:
El Cielo vela, y tú luchas por los que confían en ti.
Amén.