O María, Virgen del Carmelo,
Dulce y misericordiosa Madre,
me consagro hoy a ti,
con confianza y amor.
Cúbreme con tu escapulario,
signo de tu alianza y protección.
Haz que quiera vivir según el Evangelio,
en fidelidad, pureza y oración.
Consérvame junto a tu Corazón,
tanto en las alegrías como en las pruebas.
Sé mi luz en el camino,
y mi consuelo en las tinieblas.
En la hora de mi muerte,
ven tú mismo a buscarme,
y llévame a Jesús,
el fruto bendito de tu vientre.
Amén.