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¿Por qué el Papa adopta un nuevo nombre?

artículo publicado en 12/09/2025 en categoría: Noticias religiosas
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Una tradición milenaria con raíces bíblicas y espirituales

El cambio de nombre en la elección de un Papa es una tradición tan antigua como rica en significado. Aunque ningún texto canónico lo exige, a lo largo de los siglos esta costumbre se ha convertido en una etapa esencial del inicio de cada pontificado. Se remonta al siglo VII, cuando el primer pontífice que cambió de nombre, Juan II, optó por abandonar su nombre de nacimiento, Mercurius, que evocaba a un dios pagano, y adoptar un nombre cristiano.

Desde entonces, cada Papa recién elegido elige un nuevo nombre, marcando una forma de nuevo nacimiento en su misión. Este gesto no es insignificante: expresa una ruptura interior, un compromiso personal y, sobre todo, un deseo espiritual de inscribir su pontificado en una determinada filiación.

Tomar un nuevo nombre significa convertirse en otro hombre para otro servicio: ya no es sólo el obispo elegido entre otros, sino el sucesor de Pedro, pastor universal de la Iglesia católica.

Papa de la Iglesia.

Un nombre para trazar un rumbo

El nombre que elige un Papa nunca es neutro. Es siempre un mensaje dirigido a la Iglesia y al mundo. Puede reflejar un deseo de continuidad, como Benedicto XVI, que se hizo eco de Benedicto XV, Papa de la Paz durante la Primera Guerra Mundial. También puede marcar una ruptura profética, como Francisco, cuya elección sin precedentes anunció una Iglesia pobre para los pobres, inspirada en San Francisco de Asís.

Por eso, los ojos del mundo entero están puestos en este preciso momento: ¿qué nombre elegirá el nuevo Papa? Este nombre es a menudo el primer acto de su pontificado, una condensación de la visión que llevará en los años venideros.


La elección de "León XIV": un puente entre la sabiduría y la audacia

Cuando el cardenal Langston se convirtió en Papa, su elección del nombre de León XIV sorprendió por su poder simbólico. Se unía a un linaje que no se había recuperado desde hacía más de un siglo, siendo el último Papa en llevar este nombre León XIII (1878-1903). Pero más allá de su rareza, este nombre encierra varias capas de significado, todas vinculadas a su proyecto pastoral.


León I, conocido como "el Grande": firmeza y autoridad espiritual

El primer León, que se convirtió en León I el Grande, es una figura colosal en la historia de la Iglesia. Doctor de la Iglesia, excelente teólogo y valiente diplomático, es famoso por haberse enfrentado a Atila el Huno, pero también por su clara afirmación del papel del Papa como garante de la fe en la Iglesia universal. Representa una autoridad fuerte pero espiritual, enraizada en la fe y la fidelidad a la tradición.

Al ponerse bajo este patrocinio, León XIV indica su deseo de un ministerio fuerte pero no autoritario, capaz de defender la verdad con humildad y valentía. Quería una Iglesia que no rehuyera los desafíos contemporáneos, sino que los afrontara con paz, discernimiento y fe.


León XIII: justicia social y modernidad cristiana

El segundo modelo es León XIII, el gran papa del siglo XIX, considerado a menudo como el padre de la doctrina social de la Iglesia. Con su encíclica Rerum Novarum, sentó las bases del compromiso cristiano por la justicia social, los derechos de los trabajadores y la dignidad humana frente a la miseria.

Al retomar este nombre, León XIV muestra una voluntad clara: seguir prestando atención a los pobres, al mundo del trabajo, a los excluidos, no ingenuamente, sino releyendo el Evangelio a la luz del sufrimiento del mundo. Apunta así a una Iglesia comprometida, no replegada sobre sí misma, sino encarnada en las realidades humanas.


Una doble inspiración para un único proyecto

El nombre de León XIV reúne, pues, dos grandes intuiciones: la autoridad iluminada por la verdad y el compromiso evangélico por la justicia. No se trata de una opción política, sino de una visión espiritual completa, enraizada en la tradición pero tendente hacia el futuro.

León XIV no es ni un conservador rígido ni un reformador impulsivo. Su nombre expresa el equilibrio que busca: un pastor enraizado en la historia de la Iglesia, pero animado por el soplo del Espíritu para hoy.


Coherente con su estilo personal

La elección de "León" también tiene sentido cuando observamos el estilo personal del nuevo Papa. Desde el inicio de su pontificado, León XIV se ha distinguido por su tono franco, su lenguaje sobrio y sus gestos claros. Habla poco, pero actúa con rapidez. Como sus predecesores León I y León XIII, sitúa la Palabra de Dios en el centro, rechaza el clericalismo y quiere restaurar la credibilidad moral de la Iglesia sin ceder al populismo ni al elitismo.


Un nombre que encarnar

Por último, hay que recordar que este nombre no es una aureola inmediata. Es una invitación, una responsabilidad, un horizonte. ¡Día tras día, León XIV tendrá que dar carne a este nombre, darle vida a través de sus decisiones, de sus silencios, de sus reformas y de sus luchas.

Al final de su pontificado, no sólo se dirá que se llamaba León XIV, sino que León XIV fue como él mismo se llamaba: un hombre de paz y de fuerza, de fidelidad y de justicia.

Lo que se llama León XIV!

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